Por Vicente Torres para el blog de Ricardo Plehn
La mayoría de las veces, vivimos nuestra vida doliéndonos de un pasado que ya no existe, esperando que algo externo a nosotros venga a rescatarnos en un futuro que parece incierto. Parados en ese lugar nos perdemos de lo único que existe, el presente. Pensar que algo o alguien vendrá a poner fin a nuestra miseria, es inconcientemente la excusa perfecta para no hacernos cargo de nosotros mismos, para no crear nuestros sueños con la plena conciencia de que sí, depende de todos y cada uno de nosotros manifestarlos en el mundo.
A finales de mayo pasado, tuve la oportunidad de asistir con Grupo Desafío* al “Foro Internacional 2010, Mujer Emprende” organizado por la AMMJE en Playa del Carmen, Quintana Roo; participamos como expositores, ofrecimos una conferencia y un par de talleres.
Entre los ponentes se encontraba Carlitos Páez a quien yo no tenía el gusto de conocer y de quien honestamente, no había escuchado hablar. Convivimos en una cena que las organizadoras nos ofrecieron la primera noche del Foro, entre charlas del significado del nombre de blackberry, de si era mejor el cordero uruguayo o el neozelandés y especular el resultado del entonces futuro partido de México y Uruguay. Caí en cuenta que él era uno de los 16 sobrevivientes de los Andes.
A pesar de que alguna vez escuché del accidente ocurrido 37 años atrás, no conocía la historia, ni los detalles. El convivir con Carlitos durante dos días me permitió conocer múltiples aristas de lo que él vivió en esos 72 días, desde la historia en sí, pasando por las vivencias de sus padres, las anécdotas divertidas, las partes oscuras y llegando hasta los chistes.
De todo eso, que agradezco como una gran experiencia de vida; el momento clave llegó cuando en una camioneta rumbo a Xcaret el segundo día; le pedí que repitiera lo que había dicho en la conferencia acerca del décimo día, contó de nuevo “Después de estar escuchando una radio que había que usar fuera del fuselaje, entró Gustavo Nicolich al Fairchild F-227 y quizás por que yo era el más pequeño de todos se dirigió a mi – Carlitos: Acabo de escuchar la mejor noticia, han suspendido la búsqueda ya que perdieron la esperanza de que estemos vivos – Yo me levanté enfurecido y me le fui a los golpes, insultándolo y reclamándole como se atrevía a decir que eso era una buena noticia. Él respondió: ¿No lo ves? Es la mejor noticia. Ahora, sobrevivir no depende de nadie más que de nosotros mismos”.
Cuenta Carlitos que a partir de ese momento algo se “movió” dentro de todos ellos, que los incipientes estudiantes de medicina se volvieron de facto en los médicos responsables de sus compañeros, el aprendiz de ingeniero comenzó realmente a usar su ingenio para encontrar soluciones y así cada quien tomó su papel en la dinámica del grupo, incluyéndolo a él, cuenta que en el devenir de su estancia en estas montañas a 4000 metros de altura y con temperaturas por debajo de los 25 grados bajo cero, llegó a coser un saco de dormir que el mismísimo Christian Dior envidiaría, algunas veces fue el único que estaba dispuesto a celebrar un cumpleaños o agradecer a Dios que le permitía asolearse sin camisa acostado sobre el avión. En mi experiencia, creó en su conciencia la conversación clara y poderosa de que si su objetivo iba a ser, dependía de él. Para mí esta es la razón por la cual, este hombre más allá de sobrevivir, ha logrado vivir plenamente.
A veces pensamos que nuestra falta de plenitud es causada por nuestra pareja, familia, amigos, jefes, compañeros, empleados, vecinos, gobernantes, etc. No creemos ni por un momento, que depende de todos y cada uno de nosotros.
En el ámbito de las relaciones, dices cosas como: “Es que con mi esposo no se puede hablar, es muy enojón. No me entiende.” y ¡BUM! eso explica por que no estás viviendo la relación de tus sueños. Porque de verdad piensas que solo depende de tu pareja, de su forma de ser. Crees que él o ella no van a cambiar y te resignas a ello.
Es fácil pensar que no estás creando los resultados en tu trabajo, por que “no le caes bien a tu jefe”, “tus compañeros no te apoyan”, “a tus empleados no les importa”, “los clientes no pagan a tiempo”, etc. Es cómodo por que en tu explicación, lo que no has creado no tiene que ver contigo, simplemente “no se ha dado”. Y así te resignas a carecer de todo aquello que realmente quieres.
Incluso la situación que estamos viviendo como país, no tiene que ver contigo. En tu conversación, es resultado de la crisis mundial, del gobierno, del narcotráfico, de los políticos corruptos, de los empresarios explotadores, del desempleo, de los monopolios, de los dejados, de tantos buenos para nada y demás. No estás dispuesto a pararte por una posibilidad distinta, por que genuinamente crees, que no hay nada que puedas hacer, que no depende de ti. Aún si llegaras a pensar que hay algo que está en tus manos hacer, te dices algo como: “no serviría de nada, entre tanta podredumbre ni siquiera se va a notar”.
Nadie va a venir a rescatarte. Puede ser la peor o la mejor noticia, la vida que sueñas depende de ti.
De la manera en que interpretas al mundo, de si transformas tus creencias limitantes, de si estás dispuesto a pagar los precios, de si desarrollas tus habilidades, de si vas más allá de solo cumplir, de si te reinventas, de si sales de tu zona cómoda, de si ves al mundo con nuevos ojos, de quitarle las etiquetas a tu gente, de ser incluyente con los que difieren de ti, de que ames incondicionalmente, de que atravieses tus miedos. De que seas libre y poderoso, que te pongas en acción.
El pasado no determina quien puedes elegir ser en el presente, para crear el futuro que sueñas. El único momento que existe es ahora, depende de ti la manera en que lo utilices, puedes simplemente sobrevivir o vivir una vida extraordinaria.
Por Vicente Torres para el blog de Ricardo Plehn